5 versiones del cuenta de Caperucita roja. Parte 2

 

VERSIÓN 2


CAPERUCITA ROJA

Autor: Charles Perrault 


Había una vez en una aldea una niñita que era la más linda del mundo. Su madre estaba loca por ella y su abuela más loca aún. Esta buena mujer le mandó hacer una caperucita roja que le quedaba tan bien que en todas partes la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre coció y preparó unas tortas y le dijo:

-Ve a ver cómo se siente tu abuela, pues me han dicho que está enferma; llévale una torta y este tarrito de manteca.

Caperucita Roja partió en seguida hacia la casa de su abuela, que vivía en otra aldea. Al pasar por un bosque encontró al compadre lobo, quien sintió muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió a hacerlo porque en el bosque había unos leñadores. Le preguntó adónde iba, y la pobre niña, que no sabía qué peligroso es detenerse a escuchar a un lobo, le respondió:

-Voy a ver a mi abuela y llevo una torta y un tarrito de manteca que le envía mi madre.

-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.

-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, lejos, en la primera casa de la aldea.

-Bueno -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; voy por este camino, ve tú por aquel y veremos quién llega primero. El lobo se echó a correr con todas sus fuerzas por el camino más corto y la niñita se fue por más largo, entreteniéndose en juntar avellanas, correr detrás de las mariposas y hacer ramos con las florcitas que encontraba.

El lobo no tardó en llegar a la casa de la abuela. Golpea: toc, toc.

-¿Quién es?

-Soy su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo disimulando la voz-; le traigo una torta y un tarrito de manteca que le envía mi madre.

La buena abuela, que estaba en la cama por que no se sentía muy bien, le gritó:

-       ¡Tira de la aldabilla que caerá la tarabilla!

 

El lobo tiró la clavija y la puerta se abrió. Se arrojó sobre la buena mujer y la devoró en menos que canta un gallo, porque hacía tres días que no comía. Luego cerró la puerta y fue a acostarse en la cama de la abuela para esperar a Caperucita Roja que, poco después, golpeó a la puerta: Toc, toc.

-¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la gruesa voz del lobo, primero sintió miedo, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, respondió:

-Soy su nieta, Caperucita Roja; le traigo torta y un tarrito de manteca que le envía mi madre.

El lobo, suavizando un poco la voz, le gritó.

- ¡Tira de la aldabilla que caerá la tarabilla!

Caperucita tiró la clavija y la puerta se abrió. Al verla entrar, el lobo escondiéndose bajo la cubrecama, le dijo:

-Deja la torta y el tarrito de manteca sobre el arcón y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y va a meterse en la cama, asombrándose del aspecto de su abuela en camisón. Le dice:

-Abuela, ¡qué brazos grandes tienes!

-Es para abrazarte mejor, niña mía.

-Abuela, ¡qué piernas grandes tienes!

-Es para correr mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué orejas grandes tienes!

-Es para escuchar mejor, niña mía

-Abuela, ¡qué ojos grandes tienes!

-Es para ver mejor, niña mía.

-Abuela, ¡qué dientes grandes tienes!

-Son para comerte.

Y diciendo estas palabras el malvado lobo se echó sobre Caperucita Roja y se la comió.


Moraleja

Vemos aquí a las adolescentes elegantes, graciosas, jóvenes y muy bonitas, que hacen muy mal al oír a ciertas gentes y que no hay que extrañarse de la broma de que a tantas el lobo se las coma. Digo el lobo, aunque todos los animales no son iguales. Los hay algunos de carácter muy dulce, amable y complaciente que sin ruido, sin hiel ni irritación persiguen a las jóvenes doncellas llegando detrás de ellas a la casa y hasta a la misma habitación.

 ¡Ay! ¿Quién no sabe que lobos tan melosos son los más peligrosos?...




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